Seminario-Taller impartido por Marie-Pierre Lassus
Mito, Música y Humanidades:
Gaston Bachelard y Maurice Ohana
Programa Estudios de lo Imaginario
Proyecto Papiit IT 400 212 Hermenéutica e historia del mito. El mito en la música contemporánea.
Escuela Nacional de Música, UNAM. Escuela de Música del Centro Morelense de las Artes.
Tanto vale la música
que no puede explicarse[1]
Seminario-Taller impartido por Marie-Pierre Lassus
Université Charles de Gaulle, Lille 3, Francia.
Fecha: 3, 4 y 5 de Septiembre, 2012.
Horario y Lugar:
Seminario: 10 a 14 horas, Auditorio CRIM.
Taller teórico práctico: 17 a 19 horas, Auditorio CEMA.
Objetivo: impulsar la apreciación de la música contemporánea unida a la imaginación mitológica, así como explorar nuevas proyecciones creativas entre jóvenes ejecutantes y estudiosos del arte musical.
PROGRAMA :
- En las fuentes del ser y del arte. La infancia: donde hay motivos para crear.
- « La música de la imagen»: Maurice Ohana y Gaston Bachelard.
- Mitologías individuales: L'office des Oracles (1974) de M. Ohana y
Los pasos perdidos de A. Carpentier.
A partir de la las mitologías y mitos individuales de M. Ohana y de G. Bachelard, interrogar a la creación poética y musical del siglo XX, desde una perspectiva estética. Se tratará de mostrar que la música, como todo lo humano, necesita referirse a un mundus imaginalis para existir.
Este seminario se propone mostrar cómo puede la música, a través de su referencia a un mundo real o imaginario, contribuir a la formación de lo humano. Un mundo que para Gaston Bachelard (1884-1962) y Maurice Ohana (1913-1993), se expresaba en primer lugar como lenguaje musical. Ya desde niños, estos dos creadores, aprendieron a “nombrar” el universo con sonidos más que con palabras. Siguiendo a su imaginación material, la casa (natal), el jardín, los árboles, los vientos, los cielos, el mar o el río se identificaban con algo musical, mostrando así que hay un lugar para toda creación o que toda creación pertenece a un lugar. La música de M. Ohana habla de la creación del mundo, de los orígenes de la especie o de lo que Debussy llamaba “la historia del mundo contada por el viento... »[2], un mundo semejante al de Gaston Bachelard, para quien el sonido precede a la imagen ya que “la vista no es la única que decide las imágenes, ... la imagen se infiere del movimiento”[3]. Para ambos creadores existe pues una música de la imagen vinculada con la infancia, núcleo del ser que no es solo una etapa de la vida sino una actitud en la vida relacionada siempre con un lugar.
Abierto también él a las lecciones del universo, Bachelard no se definía como un poeta, filósofo o lingüista, ni siquiera como un científico, prefería ser clasificado “en el rango de los hombres que caminan soñando” (El derecho de soñar). Ohana, por su parte, se consideraba un “ancestro” del Sol, se reclama heredero de este astro del que había hecho su signo personal y del que había asimilado su energía creadora. A ese fuego creador, a ese aliento que anima a todos los cuerpos asociados a un mismo centro espiritual, corresponde el fuego artístico del compositor que está en el origen de un nuevo humanismo de resonancias cósmicas. Así lo atestigua el nombre del grupo que fundó en 1946[4], para que los músicos mediterráneos tomaran conciencia de la especificidad de sus tradiciones[5] : Zodíaco expresa la idea, compartida por Gaston Bachelard, de que la música se origina en el universo. Gracias a ese lenguaje libre y nuevo pero relacionado con una tradición inmemorial, vinculada a la vida de los elementos (tierra, fuego, aire y agua), la música puede convertirse en un medio para trascender los particularismos locales y alcanzar un universalismo expresado en el diagrama del zodíaco, o fuerzas invisibles del cosmos. Lo que muestra que el hombre no se reduce a su cuerpo individual sino que abarca con él a todo el mundo circundante, al que da sentido y valor humano a través de sus creaciones. Para G. Bachelard y M. Ohana, la música y la poesía remedan tanto la vida de los elementos (el murmullo de los ríos, las olas del océano, la tormenta desencadenada o el zigzag del relámpago), como las acciones humanas. Ambas ofrecen la posibilidad de “traer los dioses a casa”, lo cual en la antigüedad estaba relacionado con la astrología. El círculo zodiacal era entendido como un juego de fuerzas en resonancia con la música. Para M. Ohana, componer musicalmente era jugar con las fuerzas humanas y sobrehumanas, conjurar las fuerzas pánicas que todo individuo lleva dentro de sí. Tal y como lo hizo Debussy que –según él– supo manejar a las “fuerzas que lo sobrepasaban” para crear a través de la música el espacio-tiempo propio del médium: “Mi único trabajo, mi único anhelo, mi única búsqueda, era la de dar paso a lo que debe decirse, lo que debe decirse naturalmente. Un compositor es alguien que no existe. Alguien que debe dar prueba de una constate disponibilidad, a fin de permitir a través de sí expresarse a “todas las fuerzas animales del cuerpo”.
Para M. Ohana como para G. Bachelard, todo depende de la iniciación: en poesía como en música “el no saber es una condición previa”, ya que la creación reposa en el fulgor de la imagen y del gesto que le es innato.
La obra puede entonces comprenderse como un ritual de aparecimiento de seres. El sentido de la música según M. Ohana no tiene nada que ver con el concierto como entretenimiento social. La música tiene por objetivo revelar espacios interiores, la creación del silencio, la soledad (buena o “feliz” como diría Bachelard) para poder meditar sobre la precariedad de lo viviente que encuentra su símbolo en la alternancia del día y de la noche así como en la periódica renovación de las estaciones.
Es eso lo que se expresa en el Oficio de los Oráculos (1974), una obra compuesta a partir de un ritual de iniciación Yoruba, cuya revelación tuvo el compositor en los años 50, gracias al escritor cubano Alejo Carpentier (1904-1980). En el Oficio de los Oráculos, la trayectoria del sol se asemeja a un recorrido de iniciación semejante a la muerte y resurrección del iniciado. La música toma allí la forma de “un gran ritual de vida” [6] que da al compositor la oportunidad de interrogar a los oráculos sobre el porvenir del hombre y de la música, al evocar a través de la astrología los misterios de la creación. “Porque los dioses ocultaron a los hombres lo que les hace vivir” (Hesiodo). Lo que hace vivir a los humanos es también lo que funda la música: los mitos, los símbolos y los rituales subyacentes al género humano. Toda esa realidad invisible hoy olvidada y que, sin embargo, mantiene unido al universo.
MARIE-PIERRE LASSUS es doctora en Musicología. Profesora e investigadora del Posgrado en Artes de la Universidad Charles de Gaule, Lille 3, Francia. Directora del Proyecto Le jeu d´orchestre. Miembro del Centro de Estudios de Artes Contemporáneas de esa ciudad.
Realizó también estudios en el Conservatorio Nacional Superior de Música de París donde obtuvo los premios siguientes: Primer lugar de Investigación en Musicología (1990), Primer Lugar de Investigación en Estética (1986) y Primer Lugar de Piano (Conservatorio Nacional de la Región de Tours, 1979). Es Profesora invitada de la Universidad de Girona, Granada, Caracas y Palermo, en España, Venezuela e Italia respectivamente.
Líneas de investigación: El imaginario y sus efectos de vida, Lenguajes sensoriales y poética de los sentidos; Formación musical y formación humana, Arte y experiencia humana. Arte y Sociedad.
Su ultimo Libro: Bachelard musicien : une philosophie des silences et des timbres, Lille, Editions du Septentrion, 2011.
CONCIERTO: ZODIACO, de K. Stockhausen,
Ensamble de Música Contemporánea del Centro Morelense de las Artes, bajo la dirección de Mariana Villanueva.
17 de noviembre, 20 h. Sala Manuel M. Ponce, Jardín Borda, Cuernavaca, Morelos
30 de noviembre, 20 h. Sala Carlos Chávez, del Centro Cultural Universitario, C. U.
[1] Fragmento del poema testamentario de M. Ohana, titulado Envoi, publicado algunos meses antes de su muerte y que figura como nota final de la obra de F. Deval, De Federico Garcia Lorca à Maurice Ohana, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, Arles, Actes sud, 1992, p. 139. Envoi: Princes/ Tant ai-je vécu /que n’ai rien vu/ Tant dure ma veille/que m’émerveille/Tant vaut musique/que ne s’explique. – Príncipes/ Tanto he vivido/ que no he visto nada/tanto dura mi vigilia / que me maravilla/Tanto vale la música/ que no puede explicarse.
[2] M. Ohana, « Anonyme du XXè siècle », Entretien avec Jean-Christophe Marti, in revue Avant-Scène Opéra, hors série n°3, 1991, p. 7.
[3] G. Bachelard, L’air et les songes, Paris, José Corti, 1943, p. 83.
[4] El grupo se compone de M. Ohana, Alain Bermat y Pierre de la Forest-Divonne, alumnos todos de Daniel Lesur. Se les unirá en 1948: Stanislaw Skrowaczewski (futuro jefe de orquesta) y Sergio de Castro, formado por Manuel de Falla. El grupo se disolvió en 1948.
[5] La música medieval, litúrgica, popular, religiosa o social.
[6] « Creo que mi música entera pertenece a un gran ritual de vida», M. Ohana, « La solitude du compositeur de fond » entrevista con Brigitte Massin, Le Matin, 1er août 1986.